EL PLACER DE DESTRUIRNOS

abril 8, 2010

EL PLACER DE DESTRUIRNOS

Es entendible que al ser humano le plazca la estética en cualquiera de sus manifestaciones, la simetría nos agrada, al igual que nos placen otro tipo de cosas, comer bien, estar sanos, la amistad
verdadera, la conversación, etcétera. No es menos cierto que cierto tipo de
placeres únicamente se disfrutan una vez cubiertas ciertas necesidades, que
suponen la base a partir de la cual podemos disfrutar de otro tipo de placeres,
es obvio que nadie puede disfrutar plenamente de nada si tiene sed, hambre,
sueño, frío, miedos…

He de señalar que existen muy pocas sensaciones tan agradables como las experimentadas al cubrir ese tipo de necesidades, hay pocas cosas tan gratificantes como beber
agua cuando se está sediento y algo tan simple como eso supone todos los días
una fuente inagotable de placer.

Sin embargo, lo que ocurre hoy en día en las sociedades consumistas no es en absoluto entendible. La mayor parte de la población se dedica a experimentar
placeres que además de estar fuera de su alcance económico no le reportan mayor
utilidad que parecerse al resto,
desatendiendo gravemente las cuestiones realmente transcendentales, tal vez
pensando ingenuamente que el Estado o los gobernantes se ocuparán de ellas.

La publicidad en sus diversas formas y especialmente la televisión como su medio más masivo, han hecho de las personas “yonkis” del consumo y la apariencia externa, generando a la vez en los
individuos falsas expectativas extremada y peligrosamente positivas, sin
advertir que este comportamiento perjudica gravemente su bienestar futuro. Desgraciadamente
hoy por hoy existen varias generaciones educadas por la televisión, donde se
establece que es lo correcto y lo incorrecto, los patrones de comportamiento,
en definitiva manejando a las masas a su antojo. No debemos olvidar que el
objetivo de la publicidad es vender y el de las televisiones crear audiencia
para cobrar más cara dicha publicidad, es decir, extraer el mayor beneficio
posible sin tener en cuenta nada más que esto. Es digno de mención que
antiguamente a los charlatanes y embaucadores (vendedores de promesas) se les
echara a patadas de los pueblos, por algo lo harían, en cambio, en estos
tiempos de reconocido progreso tenemos a estos aduladores en nuestra casa con
nosotros, frente a nosotros, todos los días y a toda hora, trastornando
vilmente el criterio de nuestros hijos, diciéndonos como debemos vestir, que
debemos comer y todo por un mayor beneficio y control social; es increíble que
un producto produzca colesterol y en lugar de retirarlo o desaconsejar su
consumo por nocivo, ofrezcan otro para rebajar el mal que creo el anterior,
¡escandaloso!

Merece una profunda reflexión el hecho de que la mayor parte de la publicidad se base en estudios psicológicos, utilizan a los psicólogos para conseguir un mayor efecto persuasivo en los
individuos, sobretodo en niños, de los cuales una gran parte sufrirá las
consecuencias de la exposición continua a unos mensajes que trastornan sus
valores y sus condiciones mentales, la anorexia es una realidad creciente y los
afectados acuden a psicólogos y psiquiatras esperando que sanen un problema
mental adquirido durante años y el cual ha sido creado con métodos tan sutiles
como los empleados para sanar.

La negligencia con que se trata estos temas por parte de las autoridades es despreciable, no es raro ver a un presidente incentivando a la sociedad al consumo, a la despreocupación,
consumir crea trabajo, aunque los trabajos que cree consistan en perjudicar a
los demás, en arraigar la incultura.

En nuestra economía la mayor parte de los bienes y servicios que existen son totalmente innecesarios, son sólo símbolos de la ostentación y la apariencia, ¿cómo sería nuestra sociedad
si el esfuerzo y las ideas se dedicasen a proyectos generadores de nuevos
excedentes y útiles para todos?

El hombre siempre ha pensado en mejorar, en superar los obstáculos de la naturaleza y de la existencia, sin embargo durante décadas y en nuestros días, los hombres ya no piensan, tan sólo
viven pendientes de unos dígitos en una libreta y en como los gastarán para
conseguir el máximo reconocimiento ajeno, para falsamente creer que el hacerlo
les otorga un lugar de privilegio, aunque sólo sea en mentes tan enfermas como
la suya, tan deseosas de lo indeseable.

Vivimos en un círculo vicioso, la publicidad crea las necesidades, los bancos nos dan el crédito para cubrirlas y nos hacen esclavos de la deuda, las empresas aprovechan estás circunstancias de
necesidad para reducir los salarios y ganar más para publicidad, los políticos
dan su visto bueno mientras no se proteste en masa y puedan seguir viviendo de
la inoperancia, los medios de comunicación contribuyen al engaño por intereses,
y en este circulo nos hallamos tristemente involucrados, conviviendo con la
marginación, la violencia, la intolerancia, la incultura, mientras otros se
aprovechan de la ingenuidad colectiva, estableciendo como inmoral e incorrecta
cualquier crítica al sistema

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abril 8, 2010

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